Andropausia y Testosterona

A partir de los 40 años los hombres experimentan progresivos y minúsculos decrementos de testosterona en su cuerpo que pueden alterar el funcionamiento de la tiroides.

Esta disminución de los niveles de testosterona acarrea un impacto negativo en la calidad de vida del hombre conocido coloquialmente como andropausia. Clínicamente hace referencia a un síndrome por deprivación de andrógenos. Un término más técnico pero más correcto ya que nos explica el grupo de síntomas que están presentes en esta etapa.

A partir de los 50 años estos decrementos pueden ser significativos y la tiroides puede salir perjudicada o incluso acelerar la llegada de esta andropausia.

La testosterona ejerce un poderoso efecto vigorizante en los varones ya que afecta directamente a la utilización del oxígeno y el volumen de los eritrocitos en sangre. Menos nivel de testosterona significa un menor aprovechamiento del hierro. Lo más común es que la saturación de hierro en la transferrina y que el índice de captación de hierro, que va ligado a un metabolito llamado 2,3 difosfoglicerato, sean bajos.

El oxígeno llega en pocas cantidades al músculo y a otros tejidos periféricos. Le cuesta más diseminarse y unirse con la hemoglobina.

La ferropenia puede incentivar incrementos de hormonas como la TSH o la adrenocorticotropa con el fin de que la T3 pueda solventar esta situación. Este mecanismo de compensación es útil si la conversión periférica de T3 es óptima y el hombre cuenta con buenos niveles de masa muscular.

Los ejercicios de hipertrofia englobados dentro de un umbral anaeróbico son fundamentales para frenar la andropausia. Uno de los efectos más importantes y subestimados es la adaptación al entrenamiento.

Los hombres entrenados usan mejor el oxígeno, experimentan menos incrementos de TSH y una conversión a T3 durante el entrenamiento impecable.

La destrucción de miofibrillas facilita la liberación de interleukinas proinflamatorias. Algunas como la IL1 son capaces de estimular la liberación de gonadotropinas en la hipófisis. La LH es la encargada de trabajar en el testículo, sobre las células de Leydig para que produzca testosterona.

Un hipotiroidismo subclínico, bastante común en hombres entre los 45 y 55 años que son sedentarios y tienen obesidad, aromatizan con mucha fuerza la testosterona en estradiol. La aromatasa del tejido adiposo en cuadros obesogénicos coge más predominancia y altera el eje endocrino del varón.

Durante la andropausia, si hay evidencia clínica y bioquímica de la misma, tanto síntomas como valores en sangre que la corroboren se deben estudiar los valores tiroideos con exactitud.

Los anticuerpos contra el receptor de la TSH pueden ser responsables de un exceso de T3 en sangre. Esta T3 estimula también a las células de Leydig para que sintetice andrógenos y estrógenos. Responsables de ginecomastia, pérdida de libido, sarcopenia, caída del cabello más agresiva (la T3 acorta la fase anágena del folículo piloso).

Es importante apostar por las medidas no farmacológicas. Son prioritarias a cualquier tratamiento médico. Hacer ejercicio 4 veces en semana al menos, enfocado al desarrollo y mantenimiento de la masa muscular. Reducir el perímetro abdominal, aumentar el consumo de proteínas y grasas insaturadas (pescados y huevos especialmente).

Algunos hombres se inclinan por una terapia de reemplazo de testosterona mediante el uso de parches o geles. Esto suministra pequeñas cantidades de testosterona con el objetivo de mantener unos niveles saludables. Es una herramienta útil si el entorno endocrino es saludable y esta deprivación de andrógenos es la causa principal de la menor calidad de vida.

El hipogonadismo primario donde el testículo no satisface la síntesis necesaria de testosterona y las glándulas suprarrenales no compensan esta carencia, invita al uso de una TRT. Por supuesto, evaluar con un cuestionario de hábitos dietéticos y estilo de vida si este problema es secundario a una alteración endocrina: Diabetes, hipertensión, obesidad, cáncer…

En casos de hipertrofia de próstata es probable que la terapia de reemplazo sea contraproducente.

Por esto insisto en advertir que antes de someternos a una TRT valoremos concienzudamente nuestro estado de salud y que se puede mejorar de manera natural antes de usar el fármaco. Las TRT suprimen el eje y la producción endógena de testosterona y te verás obligado de manera crónica a aceptar el tratamiento.

También te podría gustar...

1 respuesta

  1. Felix Muñige dice:

    Llevo 3 años con TRT porque la tenia bajisima con 46 años que tengo ahora y activo fisicamente. Una maravilla. La tiroides tengo que checarla, gracias amigo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.