Efectos de la Enfermedad de Addison

La enfermedad de Addison adquiere relevancia en muchos casos de hipotiroidismo de Hashimoto. Es una afección de las glándulas suprarrenales, normalmente a causa de una infección problemática o de un quiste en la corteza adrenal que la vuelve disfuncional.

Es considerada una de las principales causas de insuficiencia suprarrenal primaria. El riñón es incapaz de producir cortisol y liberarlo a la sangre destrozando por completo la homeostasis general del organismo.

Ni el hipotálamo, ni la tiroides ni el hígado son capaces de solventar o compensar esta situación por lo que la persona queda sometida a un cuadro de síntomas múltiple y variado, sobre todo a causa de la ausencia de cortisol.

Es frecuente que esta enfermedad de Addison haya sido provocada por una atrofia de la corteza suprarrenal. De carácter inmunitario donde hay presencia de anticuerpos destructivos de la corteza o que bloquean las acciones estimulantes de la ACTH.

Asimismo, la enfermedad de Addison viene acompañada en muchos casos de una disfunción en la zona glomerular y reticular, perjudicando la síntesis de andrógenos como DHEA y de aldosterona.

Lo normal es experimentar un fuerte e intenso cansancio, insufrible y agotador, potenciado por hipotensión e hipoglucemias. Ni la sobreproducción de hormonas tiroideas o adrenalina sirven para aliviar este acontecimiento. Sin cortisol el sistema inmunitario se revoluciona y la inflamación se transforma en un auténtico dragón de 3 cabezas, invadiendo articulaciones, nervios, vísceras y músculos.

La ACTH es la principal responsable de estimular la zona fasciculada de la corteza suprarrenal. Su clivaje se hace a partir de la propiomelanocortina, una hormona fundamental para la producción de beta endorfinas, encefalinas y hormona estimulante de los melanocitos.

Ante la carencia de cortisol, la hipófisis no hace otra cosa que exacerbar la liberación de ACTH a la sangre. Esto conlleva que se liberen conjuntamente endorfinas y alfa-MSH. Se produce hiperpigmentación de la piel, de las mucosas y el exceso de endorfinas producen un progresivo y notable efecto sedante. Como una pequeña dosis de codeína que deja a la persona sumida en la depresión, la apatía, el sueño y la desgana.

Es un trastorno hormonal realmente complicado. Las tiroiditis de Hashimoto descontroladas pueden despertar una insuficiencia suprarrenal en personas de edad avanzada. Un tema serio que no se puede subestimar.

Las hormonas tiroideas necesitan cortisol para funcionar, estimular la gluconeogénesis en el hígado, producir calor, contraer los músculos ante el esfuerzo físico, segregar noradrenalina al cerebro y aumentar la sensibilidad a la serotonina y la dopamina.

El tratamiento para estos casos es el uso de hidrocortisona. Ejerce efecto mineralcorticoide y glucocorticoide. Más por esta última. Carece de potencia androgénica. De los glucocorticoides orales es el más suave. La prednisona y la dexametasona son muy fuertes y generan más efectos secundarios.

El inconveniente de los medicamentos es su falta de optimización. Con las inyecciones de hidrocortisona conseguimos un gran pico en las primeras horas pero conforme desaparece su efecto, que dura unas 8 horas, volvemos a estar en la cuerda floja y ante cualquier demanda de cortisol nos veremos indefensos.

El cuerpo puede fabricar cortisol a partir de cortisona sin depender del riñón. La cortisona es un reservorio de cortisol y suele almacenarse en el tejido adiposo.

La hipercortisolemia de las primeras horas con hidrocortisona incentiva la pérdida de masa ósea, el catabolismo de proteínas, perjudica la conversión a T4 y deja muy inhibido a los linfocitos. Esto supone una ventana de riesgo que permite la entrada de infinidad de bacterias y gérmenes a la sangre.

A día de hoy es muy complicado gestionar la enfermedad de Addison de forma natural. Se necesita un especial cuidado de la persona afectada. Estrés nulo, sobre todo en horas lejanas a la toma de los glucocorticoides, una dieta rica en proteínas y grasas que colabora con el mantenimiento de la glucemia y preserve tejido magro, apoyar al riñón con suplementos de vitamina C y B fundamentales para la producción de cortisol.

Es interesante reforzar con complementos de calcio, magnesio y vitamina D con el objetivo de cuidar los huesos.

Aunque sea poco a nivel clínico, siempre se sintetizan cantidades residuales o marginales de cortisol. Algunas plantas como el ginseng siberiano y la Aswaghanda son útiles, vigilando bien las características de la persona y si está polimedicada que suele ser lo habitual: antidepresivos, anticoagulantes y analgésicos.

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1 respuesta

  1. Ramon dice:

    Felicidades por tu labor. Muy bueno tu sitio

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